El orden de los factores

Me enseñaron que «el orden de los factores no altera el producto». Pero, a decir verdad, la regla es bastante limitada. Sirve para los productos, y para las sumas. Con las restas y las divisiones no funciona.

Y con los mandamientos de Dios, tampoco.

El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón…». El segundo es este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Si cambias el orden de los factores, y procuras, en primer lugar, amar a tu prójimo, fracasarás; no con todos los prójimos, pero si con algunos prójimos. Según qué prójimos, amarlos como a uno mismo es casi misión imposible.

Sin embargo, si conservas el orden de los factores, todo es sencillo. Porque amar a Dios es lo más fácil del mundo. Basta con conocerlo, y el corazón se rinde ante Él. Luego, si tratas a Dios cada día en tu oración, mirarás a «según qué» prójimo y te será fácil amarlo, porque verás, en él, a un amado de Dios.

Cuida el orden de los factores. Comienza por amar a Dios, y Él cambiará tu corazón para que puedas amar al prójimo.

(TOB31)