El más difícil de los apostolados

Por desgracia, el terreno más árido para el apostolado es el de la familia. Es más fácil que te hagan caso, cuando hablas de Cristo, los extraños, los amigos, o los compañeros de trabajo, que tus hijos, hermanos, padres o nietos. No debería ser así, porque quienes más te quieren deberían ser quienes mejor acogieran tus palabras. Pero tus familiares no son solamente quienes más te quieren; son, también, quienes más te conocen, quienes más te han oído hablar, y quienes, te guste o no, se han acostumbrado a ti. No puedes sorprenderlos.

¿No es este el carpintero, el hijo de María? En España, habría terminado siendo «el hijo de la Mari». Salta a la vista que los familiares del Señor habían perdido cualquier capacidad de sorpresa ante lo que Jesús pudiera decir o hacer.

Con la familia, el único apostolado posible es el de la oración, la alegría y el cariño. Reza sin cansarte por los tuyos, entrégate a ellos, y procura que te vean tan alegre en todo momento que puedan decirte, con sana envidia: «¿Qué te ocurre, que estás siempre tan contento?». Sólo entonces, cuando te hayan preguntado, tendrás alguna posibilidad de hacer mella en sus corazones.

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