El llanto de Dios

«Os digo: Seréis mi pueblo (Jer 7, 23), y vosotros me dais la espalda (cf. v. 24). Expulso ante vosotros los demonios, y me decís: Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios.

»¿Por qué no confiáis en mí? ¿Por qué preferís tratarme como a un enemigo, y no como al Dios que os creó, os ama y desea vuestra felicidad? ¿Por qué me tenéis miedo?

»¿Por qué tantos cristianos, que vienen a mi Banquete los domingos, se asustan cuando mi sacerdote los invita a venir a comer conmigo todos los días? ¿Por qué tantos pecadores, que tienen el alma podrida de tinieblas, se niegan a acercarse al sacerdote para recibir, de Mí, el perdón de sus culpas? ¿Por qué tantos jóvenes, cuando presienten que Yo los he elegido, y que los he destinado a ser ministros de mi Amor, en lugar de alegrarse, se alejan de Mí o se lanzan al pecado?

»No son preguntas sin respuesta. Una frase las responde todas: Porque abandonarse en mis brazos conllevaría perder el control de sus vidas. Y eso les produce pánico, porque supondría no ser dios, y dejarme a Mí esa tarea.

»¡Pero si Yo os amo!»

(TC03J)