El juicio particular de doña Gumersinda

Fuentes muy bien informadas me hacen llegar las actas del juicio particular de Dª Gumersinda Siempredispuesta, mujer que murió en época y lugar no determinados:

– ¡Oh, Señor! Hice mis oraciones, visité más de cincuenta hospitales, enseñé el catecismo a miles de niños, no hubo peregrinación a la que no me apuntase ni reunión de la parroquia a la que no asistiera. Entregué en limosnas la mitad de lo que ganaba, y ayuné cinco días por semana.

– ¡Oh, Gumersinda, qué linda! Tantos hospitales visitaste, tantas catequesis impartiste, a tantas peregrinaciones fuiste, que no paraste en tu casa ni te ocupaste de tu familia. Ayunaste, e hiciste ayunar a los tuyos. Diste limosna a los de fuera, y a los de casa no les prestaste ni siquiera atención. No me embauques, Gumersinda, vaya guinda. Aquí soy yo quien hace las preguntas: El día de tu boda prometiste, ante el altar, entregar tu vida a tu marido. ¿Se la has dado, Gumersinda? ¿O prefieres que le pregunte a él?

He llevado a cabo la obra que me encomendaste. ¡Ojalá pudiéramos morir pronunciando estas palabras! Que nadie irá al Cielo por haber amontonado buenas obras, sino por haber realizado la que Dios le pidió.

(TP07M)