El hombre más solo de la tierra

Pocas veces se hace hincapié en la soledad humana que experimentó, durante su vida pública, Jesús de Nazaret. Escribo «durante su vida pública» porque, en Nazaret, la Virgen palió mucho esa soledad. Ella lo conocía como Dios y como hombre. Con su Madre, Jesús se sintió comprendido.

Pero, en cuanto abandonó el hogar, se convirtió en el hombre más solo de la Tierra; un hombre con un secreto que nadie conocía, y que a nadie podía explicar. Como tú, y como yo, tenía necesidad de sentirse comprendido, y pocas veces encontró unos ojos que, con su brillo, le dijeran: «tranquilo, sé quién eres».

Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas.

Nada. Ni idea. Además, ¿a quién le interesaba? Con tal que siguiera haciendo milagros, muchos se daban por satisfechos.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Lo pregunta con ojos tristes, casi lo mendiga.

Pedro respondió: «El Mesías de Dios».

Respira Jesús, aliviado por dentro, y mira con cariño a Simón. Pedro, su amigo, hizo que Jesús se sintiera menos solo.

Dile tú: «Sé quien eres. Eres mi vida, mi Amor, mi todo. ¡Jesús!»… Desde la Hostia, te sonreirá.

(TOP25V)

“Evangelio