El hogar al final del camino

Hay quien pasa doce horas en la cama, y aún no se quiere levantar porque «está cansado». Y hay quien trabaja sin apenas reposo, y sonríe como si no le supusiera esfuerzo.

Nos cansamos mientras recorremos un camino, y, cuando llegamos a la meta, descansamos. Si, además, esa meta es también hogar, el descanso es completo, porque el corazón reposa en los seres queridos.

Quien permanece doce horas en cama puede seguir cansado, si sabe que no ha llegado a casa, y que aún tiene un largo camino que recorrer. Sólo pensar en ese camino agota sus fuerzas, por mucho que el cuerpo repose. Sin embargo, las madres nunca se cansan de amar a sus hijos, aunque ese amor se les lleve la vida.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados… y encontraréis descanso. Cristo es descanso, porque Él es la meta. Quien a Él lo tiene, lo tiene todo. Él es el hogar del peregrino, el abrazo que anhela el solitario, el final del camino. Mientras vivimos para nosotros mismos, nos cansamos, porque siempre deseamos más. Cuando vivimos para Él, la vida es descanso, porque ya hemos alcanzado todo cuanto el alma necesita para ser feliz.

(TA02X)

“Evangelio