El hilo de la puntada

Se dice, de algunas personas, que «no dan puntada sin hilo». Si te pinchan, síguele la pista al pinchazo, porque algo hay detrás. Puntadas dio, y muchas, Nuestro Señor Jesucristo. Y todas llevaban, más que un hilo, un carrete entero.

Cuando des una comida, no invites a tus amigos, porque corresponderán invitándote. Invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos.

No hay duda de que la puntada le dolió al fariseo que había invitado a comer al Señor. «Lo invito» –pensaría– «y, encima, me pincha». Pero si hubiera tirado del hilo, habría dado por amortizado el pinchazo. Tiremos nosotros:

Invitar a pobres, lisiados, cojos y ciegos al banquete de nuestra vida supone invitar a Jesús crucificado a llevarse cuanto somos y tenemos. Y ver, en los defectos y pecados de los demás, las llagas del Crucifijo. Y no buscar paga alguna en la tierra que no sea compartir los dolores del Señor, que son el tesoro con que aquí premia a sus elegidos. Y esperar, con toda el ansia del corazón, la resurrección de los justos y la eterna bienaventuranza.

¿Hay hilo, o no hay hilo?

(TOI31L)