El gordo cayó en Judea

Ayer se celebró en España el sorteo de la lotería de Navidad. Y los telediarios volvieron a llenarse de gente extraña que descorcha botellas de cava en plena calle, pone las aceras perdidas de espuma, y grita desaforada sin ningún recato. Todo el mundo les dice lo mismo: «¡Enhorabuena! ¡Felicidades!»… Aunque sólo es dinero.

Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. Entiendo mucho mejor que las gentes felicitaran a Isabel. El motivo no era que una bola salida de un bombo la hubiera hecho millonaria, sino que el Señor le había hecho una gran misericordia. Y ella no necesitaba poner perdidas de cava las calles de Judea, porque sus propios ojos burbujeaban de alegría.

Ojalá fuera tal tu alegría, en estos días previos a la Navidad, que quienes te viesen dijeran: «A éste le ha tocado la lotería». Porque también a ti te ha hecho el Señor una gran misericordia. Te ha escogido para que seas templo suyo, te ha destinado a ser su belén en esta Nochebuena, te ha llamado para que estés en primera fila ante el misterio de su Nacimiento. ¡Que se note!

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