El fulano desaparecido

Antes traducían «a casa de fulano». No era elegante, pero me gustaba porque me hacía gracia lo del tal fulano. Ahora preferimos la elegancia: Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: «El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa».

Tanto mejor; así no tengo que llamarte fulano. ¿Quién es quien vosotros sabéis? No busques mucho, quien mejor «tú sabes» eres tú. A ti te está diciendo el Señor: Voy a celebrar la Pascua en tu casa.

Espero que, al menos, te portes como Fulano (ahora con mayúscula). Porque él prestó al Señor su mejor sala.

¿Acaso creías que, simplemente, ibas a acercarte a la iglesia para asistir a los Oficios? A la iglesia irás (eso espero), pero Jesús quiere más de ti: quiere celebrar la Pascua en tu casa, quiere que le abras las puertas, quiere entrar e invadirte, quiere convertirte en Sanedrín, en Pretorio, en Vía Crucis, en Gólgota y en jardín de José de Arimatea. Quiere amar en ti, llorar en ti, sangrar en ti, morir en ti y en ti resucitar.

No quiere que le hagas una visita. Quiere una conmoción total de tu persona.

(XSTO)