El fuego y las lágrimas

En los últimos años, uno de los pecados más frecuentados en el confesonario es éste: «No soporto a los políticos». Cuando el penitente habla de «los políticos», no se refiere a los Reyes Católicos, sino a gobernantes no creyentes, a quienes se les adjudica el mérito de querer destruir cualquier atisbo de religiosidad en nuestro país. Me preocupa, porque, entre muchos cristianos, se está generando odio hacia los gobernantes. Y el odio es un pecado. Por eso lo confiesan, claro.

Al comprobar que aquellos samaritanos, tenidos por malditos y paganos, no daban albergue a Jesús, Santiago y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?Entonces Jesús se volvió y los regañó. El fuego no cayó sobre los samaritanos, sino sobre ellos.

Los ojos de Jesús, que son el cielo, desprendieron fuego sobre los apóstoles y los fariseos, que eran personas religiosas. Pero se enternecieron con gentiles, publicanos y prostitutas. No te extrañe. A quienes conocemos su Amor, nos trata así, porque nos quiere santos. Pero, a quienes no lo conocen, los trata con ternura, para mostrárselo.

No odies a los de lejos. Pide que conozcan ese Amor. Así serás como el Señor.

(TOI26M)