El evangelio en «pausa»

Quisiera pulsar el botón de «pausa» a mitad del evangelio. Y transformar la película en cuadro. Y quedarme contemplando ese cuadro hasta encontrarme allí.

Un ciego, Bartimeo. Jesús, que pasa. El ciego, que grita. La gente, que le increpa. Jesús, que lo llama. El ciego, que se levanta. «Pausa».

Dio un salto y se acercó a Jesús. Los dos, frente a frente. No están en igualdad de condiciones. Bartimeo no ve a Jesús, pero Jesús sí ve a Bartimeo. En el rostro del ciego hay impotencia; en el de Cristo, misericordia. Pero el ciego no puede ver esa sonrisa.

Somos Tú y yo, Jesús. Cada vez que comparezco ante Ti, me ves y no te veo. Me miras con Amor, y yo miro al sagrario con impotencia. «No está bien, Señor, juegas con ventaja», te digo. Y Tú callas, y me sigues mirando sin que pueda mirarte. Para mis ojos, el sagrario es tiniebla.

«Rabunní», que recobre la vista. Entonces, dentro de mí brota un «creo». Y, mientras los ojos siguen a oscuras, una luz resplandece en el alma. Y allí conozco tu sonrisa y percibo tu mirada. Y descanso; ya lo tengo todo.

Anda, tu fe te ha salvado.

(TOB30)