El eterno colgando de una cruz

Mira a la Cruz y escucha, en la oscuridad del Calvario:

Antes de que Abrahán existiera, yo soy.

Recuperemos nuestra oración de hace unos días. Y experimentemos el temblor que sacudió a Moisés ante la zarza ardiente. Porque lo que tenemos delante es mucho más que aquella zarza. Y nos está diciendo:

Antes de que Abrahán existiera, yo soy.

Calla y contempla. Cuelga del Madero el hombre que tenía un antes. En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios (Jn 1, 1). Ese hombre crucificado trasciende los pueblos y los tiempos, atraviesa los siglos con sus dos brazos extendidos y derrama eternidad por cada una de sus llagas. Acércate, como el ciervo a las fuentes de las aguas, y bebe en ellas manjares venidos del Cielo.

Los hombres lo miran, se burlan, creen que muere. Y quienes mueren son ellos, mientras el Crucificado, desde el Leño, gobierna la Historia. Tú aprende hoy, y no lo olvides, que escalando a esa cruz se alcanza a Dios y la vida eterna.

Antes de que Abrahán existiera, yo soy. Y tú sólo eres en la medida en que te abrazas a ese trono.

(TC05J)