El enfriamiento global

Quizá haya quien piense que habría que reservar estos pasajes evangélicos para enero, cuando la prensa no viene llena de incendios, pirómanos, y subidas de temperaturas:

He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!

Sólo faltaba un texto como éste para que nos culpen a los cristianos del apocalipsis climático, como culpó Nerón a la Iglesia primitiva del incendio de Roma.

Te ofreceré una visión del Planeta distinta a la que capta el Meteosat:

Hace un frío terrible; vivimos la peor de las glaciaciones. El amor a Cristo desaparece de las almas, y los corazones se congelan entre pantallas e indiferencias. Muchos cristianos, que acuden a los templos, han refrigerado su piedad sepultándola entre el hielo de una vida burguesa. Van a misa, y rezan, pero todo lo hacen con desgana… Les despierta más pasión el fútbol, o la política, que Jesucristo.

He venido a prender fuego a la tierra

El mundo necesita pirómanos; corazones encendidos de amor a Jesucristo que incendien la Tierra y derritan las almas de los hombres como cera. Cuando provoquemos ese necesario «calentamiento global», el Señor podrá volver tranquilo a instaurar su reino, sabiendo que nos encontrará preparados.

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