El divino apretujado

A veces parece que la Conferencia Episcopal hubiese encargado la traducción del Evangelio a una tal Maruja: Ves cómo te apretuja la gente. El otro día lo estrujan, hoy lo apretujan. Como la gente empuja, mejor detener la puja antes de que el león ruja y aparezca la bruja. Firmado: Maruja. Nada en contra de la traducción, faltaría más. Pero me hacen gracia esos verbos tan crujientes.

Yo, que no he traducido el Evangelio, diría, más bien, que al Señor lo exprimían. Como a un limón. Y el zumo que nos regaló el divino «apretujado» es vida eterna, amor divino y gracia celeste. Míralo en la Cruz, del todo ya exprimido, y acércate, sin miedo, a beber del zumo aplicando tus labios a ese costado que es un manantial.

Y, una vez saciado (si es que puedes saciarte), ve a los hombres y déjate exprimir. Mejor que no te apretujen ni te estrujen, pero, si te empujan, déjate empujar hasta que cruja. ¿Que se llevan tu tiempo? Les das Dios mezclado en él. ¿Que se llevan tus fuerzas? Las entregas como ofrenda a Dios por ellos. ¿Para qué crees que es la vida, sino para llenarla de Dios y derramarla?

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