El corazón en la forja

Probablemente, el salmo que más se reza durante la Cuaresma sea el salmo 50, el «Miserere». Allí leemos: Oh, Dios, crea en mí un corazón puro (Sal 50, 12).

Se opera, durante una Cuaresma bien vivida, una transformación en el corazón del hombre. Recibimos la ceniza sobre un corazón duro. Y, en estos días, como se somete un hierro al fuego de la forja hasta que se derrite, situamos ese corazón ante el corazón de Cristo, para que el fuego del Espíritu lo ablande y lo transforme en lo que contempla.

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

Conforme lees estas palabras, dedica un tiempo a contemplar:

– Cómo es misericordioso el Señor: míralo mientras toca a los leprosos y llama con cariño a los publicanos.

– Cómo Cristo, en la Cruz, nos muestra que no ha venido a juzgar, sino a salvar al hombre.

– Cómo le dice el Señor a la mujer adúltera que no la condenará, mientras la invita a no pecar más.

– Cómo pide perdón Jesús, en el Calvario, para quienes lo crucificamos.

Contempla todo eso, y deja que se ablande el corazón.

(TC02L)