El cielo dentro de ti

Probablemente, el comienzo del capítulo 14 del evangelio de san Juan sea una de las lecturas más socorridas en los funerales: En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.

Sin embargo, no te aconsejo esperar al último aliento para encontrarle sentido. Lo tendrá entonces, pero lo tiene también hoy; el evangelio nunca es sólo «para mañana».

La casa del Padre de Jesús está en tu alma en gracia, y en ese «castillo interior» –como lo llamaba santa Teresa– hay muchas moradas. Cristo ha muerto en Cruz y ha subido al cielo para preparar ese lugar en lo profundo de ti. Después de alcanzar el cielo, vuelve a ti por su Santo Espíritu. Ojalá estés ya haciendo hambre de Pentecostés. El Paráclito, cuando venga, te tomará de la mano y te llevará con Él al santuario interior. Y allí, donde mora Jesús por su Aliento, morarás también tú con Él.

Refugiado en lo profundo del alma, estarás en el mundo sin ser del mundo. Vivirás en Dios.

(TP04V)