El cielo callado

¡Qué misterioso eres, Jesús!

Dices: Quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre. Pero, si clavo mis ojos en el crucifijo, tu palabra es silencio, y Tú mismo mueres. ¿Cómo dices que no veré la muerte, cuando te veo morir, y reconozco la muerte en mis miembros? ¿Por qué me pides que guarde tu palabra, si sólo escucho tu silencio en el Calvario?

Sé que olvido el para siempre. No has dicho quien guarde mi palabra no verá la muerte, sino no verá la muerte para siempre. Pero, a mí, las horas que van del viernes al domingo me parecen una eternidad. Me parecen el infierno, porque tu silencio lo siento como ausencia.

Este año, callaré contigo. No te haré más preguntas. Me abrazaré a Ti, y sabré que, al guardar silencio, te guardo a Ti, que eres la Palabra. Voy a abrazarte muy muy fuerte, y me sumergiré contigo en las tinieblas. Callaremos juntos, y así tu silencio no será infierno, sino cielo callado. Prefiero el cielo callado al infierno.

Veré la muerte, veré tu muerte. Pero, si, abrazado a Ti, también la muero yo, el para siempre triunfará sobre el silencio. Resucitaremos juntos.

Bendito cielo callado.

(TC05J)