El chupete del Niño Jesús

Entró en la sacristía, después de la misa, una niña de seis años. Llevaba, en las manos, un enorme muñeco que le habían regalado los Reyes Magos. Y, en cuanto la pequeña le quitó de la boca el chupete al muñeco, el muñeco comenzó a llorar, y no paró hasta que la niña se lo volvió a poner. Di gracias porque a la pequeña no se le hubiera ocurrido quitarle el chupete al regalo durante la misa.

Le he quitado el chupete al Niño Jesús. En lugar de llorar, habla. Ayer me dijo un «te quiero» que todavía me tiene temblando. Y esta mañana, cuando, al darle mi beso, le quité el chupete, ha vuelto a hablar:

Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.

¡Cuánta paz! Porque vivimos en la tormenta permanente. Preocupaciones, tareas, enfermedades, fracasos, dificultades, tentaciones… La muerte parece querer devorarnos, y nosotros nos afanamos por salir a flote en una lucha sin tregua.

Hasta que apareciste Tú.

Entró en la barca con ellos y amainó el viento.

Haciéndote hombre, has entrado en nuestra barca. Y, cuando te miramos, ya nada tememos.

Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.

Creo que hoy no voy a ponerte de nuevo el chupete.

(0901)

“Evangelio