El celo, mejor en singular

En cuestión de celos, dos son multitud. Y es que al celo le sienta mal el plural. Los celos son egoístas, dominadores, destructivos. Matan el amor, y lo convierten en control. Y son, también, violentos, con una violencia letal que es corrupción de la violencia buena, la del singular, la del celo.

El celo de tu casa me devora. El celo, así, en singular, tal como aparece en la Escritura, en un fuego de amor que devora. También genera violencia, pero es violencia purificadora, que nace del amor ardiente. Cuando Jesús, haciendo un azote de cordeles, expulsó del templo a los vendedores, actuó movido por un amor apasionado. Si crees que descargó el látigo contra los mercaderes, abre los ojos. Jesús golpea el suelo y las mesas, grita con la voz y con la mano. Pero ni a las palomas azotó. Llegando a ellas, dijo: Quitad esto de aquí.

Ojalá tuvieras el mismo celo por el templo de tu alma. Y arrojaras de allí, con santa violencia de ayunos y mortificaciones, al pecado que profana ese santuario. Ojalá, también a ti, te devorara el celo por la casa de Dios.

Ojalá seas muy celoso. Pero en singular, no en plural.

(0911)