El celo de tu casa

El celo es un fuego que abrasa los corazones de los santos. Aunque los necios lo confunden con la ira, y los hipócritas lo identifican con su incapacidad para controlarse, lo cierto es que el verdadero celo se manifiesta de forma violenta. Es una violencia santa.

Haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

Ojalá ardieras, también tú, en celo por la casa de Dios. Porque tu alma es esa casa, y se te ha encargado custodiar la pureza y la santidad de ese templo.

Dios quiere que lo ames con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todo el ser. Y cualquier criatura que pretenda compartir con Él tu corazón, tu alma, tu mente o tu ser debe ser expulsada de allí. Si tienes que emplear la violencia, hazlo: mortifica la carne, ayuna, arranca el corazón del apego a las criaturas, azota sin miramientos a la pereza y a la sensualidad… No temas, en definitiva, usar el látigo para consagrar de nuevo el templo, si es que las criaturas entraron a comerciar donde no debían.

(0911)