El campo es tu alma

¿Por qué te quejas tanto de los demás? ¿Por qué despotricas tanto de lo mal que está el mundo? Mírate por dentro, y dime si no ves, dentro de ti, el mismo panorama que hay a tu alrededor. ¿Acaso hay algo fuera que no encuentres, también, en tu alma? ¿O tan ciego estás? Lee de nuevo la parábola del trigo y la cizaña:

El campo es el mundo. Pero ese campo es, también, tu alma. En ella conviven, como en el mundo, trigo y cizaña.

La buena semilla son los hijos del reino. Es decir, todo aquello que, en tu alma, viene de Dios. ¡Cuánta gracia!

La cizaña son los partidarios del Maligno. Es decir, el pecado, lo que viene de ti, inducido por Satanás. ¡Cuánta soberbia, cuánto egoísmo, cuánta sensualidad, cuánta crítica amarga, cuántos rencores y envidias!

Probablemente, trigo y cizaña convivan en ti hasta que mueras. Pero, entre tanto, ojalá sepas distinguirlos. Reconoce los impulsos del Espíritu en tu alma, y entrégate a ellos con docilidad. Reconoce, también, lo que viene de tus pasiones, de tus instintos, de tus heridas… y sopórtalo con paciencia, sin dejarte llevar por ello.

¿Quién sabe? Quizá, si cambias tú, el mundo cambie.

(TOI17M)