El camino de vuelta

Poco nos dice la parábola del hijo pródigo del camino de vuelta de aquel joven a la casa de su padre. Pero, sin duda, fue un camino largo, porque sabemos que, cuando salió de casa, se marchó a un país lejano. El pecado, aunque se cometa en el pensamiento, y sin necesidad de dar un paso, es siempre un país lejano. Muy lejano. Nos aleja de Dios y nos entrega al capricho de las criaturas.

Me levantaré, me pondré en camino a donde está mi padre. Comenzó a andar guiado por un buen propósito. Pero, quizá, conforme avanzaba, le asaltaron dudas, y tuvo deseos de volverse atrás. Como los israelitas, añoró las algarrobas de los puercos. Tuvo que pasar hambre, pedir limosna, dormir al raso… Nuestra Cuaresma.

Todo valió la pena cuando, a unos metros de casa, su padre, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Saldrá Dios del Cielo, vendrá a la tierra para abrazarnos, nos besará con su sangre en la Cruz, y, sacrificado el mejor ternero, compartirá con nosotros el banquete pascual.

No aflojes el paso en este camino de vuelta. Cuando alcancemos la Semana Santa, todo habrá valido la pena.

(TC02S)