El ascensor de Teresa

Santa Teresa del Niño Jesús, en su alegoría del ascensor, se imaginaba como una niña al pie de una escalera, sobre la cual se encontraba su Padre. Trataba de subir el primer peldaño, y caía al suelo. Lo intentaba de nuevo, y volvía a caer. Tras centenares de intentos, el Padre se compadecía, descendía los peldaños, la tomaba en brazos, y la subía hasta la cima. Sus esfuerzos, por tanto, habían servido: con ellos demostró a su Padre el deseo de estar junto a Él, y excitó su compasión. Tuvo que intentar ser grande, para poder ascender como pequeña.

No ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. La penitencia y el esfuerzo de conversión proclamado por Juan es la forma en que el niño quiere hacerse grande para llegar a Dios. Ese esfuerzo es necesario. Sin Juan, no hay Cristo. Y, sin Adviento, no hay Navidad. Pero, aunque llegues a la Navidad cargado de fracasos, no temas: tu lucha habrá servido para que Dios descienda, se haga niño y pastor, y te tome en sus pequeños brazos para llevarte al cielo.

(TA02J)

“Evangelio