El arte de sacar la pata

Con tal de no reconocer que han «metido la pata», hay quienes, tras caerse en una alcantarilla, te gritarán: «¡Vivo aquí! ¿Qué pasa?».

Peor que caerse es no levantarse; peor que meter la pata es no sacarla.

Pedro era un «metepatas» de mucho cuidado. Proclamaba la divinidad de Cristo, y minutos después quería apartarlo de la Cruz; prometía morir por Él, y horas después le negaba con juramento. Salía de la barca tan ufano, queriendo caminar sobre las aguas, y al sentir la fuerza del viento, le entró miedo y empezó a hundirse.

Como nosotros; quizá por eso le tengo a Pedro especial devoción. Y pido a Dios que, si tan semejante a nosotros es Simón a la hora de meter la pata, lo seamos nosotros a él a la hora de sacarla.

Gritó: «Señor, sálvame». Enseguida Jesús extendió la mano y lo agarró. Ni se queda en la alcantarilla gritando que vive allí, ni procura escalar él solo hasta arriba. Se sabe incapaz de levantarse, y pide al Señor que lo socorra.

Tan malo como enamorarse de los pecados propios es querer vencerlos a base de puños. Confiesa, reza el rosario, pide ayuda, sé humilde… Y Dios te levantará.

(TOI18M)