El alma y el vientre

El discurso del pan de vida, en el evangelio de Juan, comienza en la misma encrucijada en que tuvo lugar el primer encuentro del Maestro con el discípulo amado:

– Maestro, ¿cuándo has venido aquí? – En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

Es el mismo cruce de caminos donde Jesús, volviéndose hacia Juan y Andrés, les preguntó: ¿Qué buscáis?Pero entonces fue la avidez del alma, no la del vientre, la que respondió: Rabí, ¿dónde vives? (Jn 1, 38) Es decir: «Te busco a ti, quiero vivir contigo, tengo hambre de ti».

A aquellos hombres que ahora se encaraban con Jesús, sin embargo, los movía el vientre. Se habían saciado de pan, y querían más. Era el cuerpo el que, a la vista de una solución fácil a los problemas de esta vida, arrastraba al alma en pos del Señor.

¿Qué buscas tú? La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado. ¿Quieres que Dios solucione los problemas de tu vida, o has conocido al Mesías y quieres entregarle cuanto tienes para vivir con Él? ¿Te mueve el alma, o te mueve el vientre?

(TP03L)