El adviento de la Virgen

El modelo en que debe mirarse todo cristiano en estos días es el adviento de la Virgen.

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

Fueron nueve meses de adviento. La Virgen encinta, maestra de vida interior, es también la imagen viva de la esperanza. Ella sabe que el Señor no viene a nosotros desde fuera, sino desde dentro. Y que es allí, en el interior, donde debemos estar vigilantes. Como ella se palpaba el vientre, acariciando la promesa de Dios, recógete tú y dirige al alma tu atención. Porque, muchas veces, tan afanado andas en las tareas y preocupaciones que olvidas que tienes alma.

Sé que no es fácil. Conforme se acerca la Navidad, aumenta el trasiego: compras, preparativos, planes, comidas de empresa… Haz lo que tengas que hacer. Pero pon a salvo unos minutos (¿media hora?) a lo largo del día para buscar a Dios en el silencio del alma. Y, después, haz todas esas cosas manteniendo vivo el fuego que se encendió en tu oración. Porque, si no lo haces, podría sucederte que, cuando Dios llegase a ti, no estuvieras en casa.

(1812)

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