Ectoplasmas y resucitados

fantasmasAristóteles creía en la inmortalidad del alma. Es más fácil creer en almas inmortales que en cuerpos resucitados. Encontrarás a personas que, sin considerarse «religiosas», acuden a sesiones de espiritismo, creen en la reencarnación de almas en pena, o buscan modos esotéricos de comunicarse con los espíritus de sus seres queridos.

Parece ser que, a los apóstoles, también les era más fácil creer en fantasmas que en resucitados. Cuando Jesús se presentó ante ellos en el cenáculo, ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Con razón se asustaron. Si a mí se me presenta el espectro de un marqués del siglo XVIII, salgo corriendo y no me atrapan hasta que llegue a Vitigudino.

Pero el Verbo se hizo carne, y su redención abarca también al cuerpo. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos… En ese cuerpo resucitado está nuestra fe, nuestro amor, y también nuestra esperanza. No estamos llamados a ser ectoplasmas que vayan asustando a pobres incautos, sino resucitados, hombres y mujeres dotados de un cuerpo glorioso y eterno como el suyo. Con pies, con manos… y con labios, que besarán a la Virgen Santísima y al Hijo de Dios.

(TP01J)