Dos focos que iluminan el Misterio

fervorCada año, en Navidad, la liturgia de las horas enciende en mi alma dos focos que iluminan el Misterio de Belén. Uno de ellos se lo debo a san Bernardo: «Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su misericordia; un saco que habría de desfondarse en la pasión, para que se derramara nuestro precio, oculto en él». Así contempla el santo lo que Juan nos anuncia: De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Miras al Niño Dios, y tras su frágil humanidad atisbas el Amor de Dios dispuesto a derramarse cuando la lanza del centurión atraviese esa carne con una punción en el costado.

El otro foco lo enciende, en Nochebuena, el papa san León Magno: «Reconoce, cristiano, tu dignidad». Dios ha tomado de lo nuestro para darnos de lo suyo. Se ha hecho siervo, como yo, para que yo sea hijo, como Él. Se ha hecho mortal, como yo, para que yo tenga vida eterna, como Él. Se ha hecho hombre, como yo, para que yo participe de su naturaleza divina. Ha venido a mi casa para que yo tenga un puesto en la suya.

¡Qué fácil es rezar en Navidad!

(TNC02)

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