Dos, eran dos…

parábola del fariseo y el publicanoDos, eran dos, y los dos eran buenos. Pero no del mismo modo.

El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh, Dios, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros!»… El publicano se golpeaba el pecho diciendo: «¡Oh, Dios, ten compasión de este pecador!».

El primero era bueno ante el mundo. El segundo era bueno ante Dios.

Y no da lo mismo.

Porque el mundo ha tomado a muchos santos por idiotas, y a muchos idiotas los ha tomado por santos. Pero Dios, que conoce el interior del hombre, sabe quién es bueno en realidad.

¿Y tú? ¿Ante quién quieres ser bueno, ante los hombres, o ante Dios? ¿Quieres que le den tu nombre a una plaza en tu pueblo, o quieres vida eterna?

Si quieres una plaza, de poco te servirán estas líneas. Mejor, busca en Google la forma de autopromocionarte en las redes. Pero, si quieres vida eterna, escucha al Señor:

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

No quieras estar por encima de nadie. Póstrate, como un pecador, ante Dios; póstrate, como un siervo, ante el prójimo; y deja que sea Dios quien te ensalce.

(TC03S)