Dormilones

Dos veces, que sepamos, tomó Jesús consigo, a solas, a Pedro, Santiago y Juan. Una de ellas fue en la Transfiguración, y la otra fue durante la oración del Señor en el Huerto de los Olivos. Por estas dos muestras de cercanía, los tres apóstoles ha sido llamados «los íntimos del Señor». Pero, a decir verdad, los tres hicieron un papelón espantoso. En ambas ocasiones, se durmieron a pierna suelta. Del sueño de Getsemaní sabremos durante la Semana Santa. Contemplemos ahora a los tres «íntimos» dormidos en el Tabor:

Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria.

Os diré la verdad, si es que no la sabéis: la intimidad con el Señor da mucho sueño. No os extrañe. Nos mantiene despiertos, muchas veces, la preocupación: en el fondo, pensamos que debemos velar para que el mundo no se derrumbe a nuestro alrededor. Y, por eso, estamos en permanente estado de guardia. Pero cuando nos sabemos, de verdad, en manos de Dios, nuestra cabecita se toma un plácido descanso, y caemos como niños en brazos de mamá.

¿Nunca te duermes en la oración? Bueno, no te sientas tan culpable. Aprovecha, y descansa en Dios.

(TCC02)