Donde el mundo no quiere mirar

muerteUno de los motivos por los que los apóstoles, llegado el momento de la Pasión de Cristo, huyeron despavoridos fue su resistencia a dejarse preparar para aquella hora. Jesús les habló, a solas, en varias ocasiones sobre la Cruz, y ellos miraron constantemente hacia otro lado, como pensando: «Eso no puede suceder». Siempre me ha hecho gracia esa expresión de san Lucas: Les daba miedo preguntarle sobre el asunto (Lc 9, 45). Vamos al «asunto»:

El Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte. Y, a renglón seguido: Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Jesús los invita a beber el cáliz de su Pasión, y ellos, pensando, seguramente, en compartir copa con el Rey en una fiesta, aseguran: Podemos. A los pocos minutos, los Doce estaban discutiendo quién sería el mayor. Y Jesús, de nuevo, les dice: El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. ¿Crees que se enteraron? No.

¡Cómo nos cuesta clavar los ojos en la Cruz!

(TC02X)