«Donde duele»

Gracias a Dios, los evangelios no son nada recatados a la hora de manifestar la fragilidad humana de los apóstoles. ¡Qué cercanos los sentimos cuando conocemos sus miedos ante el anuncio de los sufrimientos del Salvador!

«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

En verdad son palabras oscuras. Y más oscuro, todavía, es el paisaje al que estas palabras señalan. Da miedo preguntar.

Y, sin embargo, como los propios apóstoles supieron, es esa zona oscura la que hay que atravesar para llegar al Cielo. En ese poblado de tinieblas, no existe otro camino que el propio Cristo, y éste crucificado.

«¿Dónde estás, Señor?», le preguntaba a Jesús un alma que se tenía por suya. «Estoy donde duele», le respondió el Señor, «donde nada se ve y nada se sabe, donde acaban todas las sendas, y no hay más camino que Yo».

Pocos se adentran ahí, pocos buscan a Jesús «donde duele». Pero quien no se aventura en esas sombras no será purificado, y quien no sea purificado no alcanzará el Cielo.

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