Distintas formas de sonreír

« – ¡Señora Isabel! ¡Cuánto me alegro de verla!

 – Siento no poder decir lo mismo.

 – Pues haga lo que yo: mienta».

Eso es hipocresía. Se usa la sonrisa como arma de fuego, como envoltura del odio cuyas asas permiten lanzarla desde una posición de superioridad para machacar al adversario.

Santa Teresa del Niño Jesús cuenta, en el libro de su vida, cómo sentía repugnancia hacia una de las monjas que vivían con ella. Explica cómo procuraba ser cariñosa, en especial, con aquella hermana, y también cómo evitaba cruzarse con ella cuando no se veía con fuerzas para sonreír. Al recabar los testimonios de las carmelitas de Lisieux, durante el proceso de beatificación de Teresa, aquella monja aseguró que ella era su favorita, la hermana más querida por Teresa.

Eso es santidad. Prestarle el rostro y las palabras a Dios para manifestar su Amor, mientras uno esconde sus propios sentimientos. La sonrisa, entonces, es un servicio humilde, y el corazón propio queda clavado en la Cruz.

Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Aprende: sentir cólera no es pecado; dejarse llevar por ella, sí. Por tanto, si te enfadas, reza y sonríe. Pero sonríe bien.

(TC01V)