Dios te ha dado hermanos

Fue el escritor Tertuliano quien, en el siglo III, dejó constancia del estupor de los gentiles ante la caridad vivida por los cristianos: «¡Mirad cómo se aman!».

El Mandamiento Nuevo, entonces, estaba recién estrenado:

Os doy un mandamiento nuevo; que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros.

Este mandato nos lo regalo Jesús para que lo viviéramos, precisamente, entre los cristianos. Sólo quienes viven en gracia pueden amarse con ese mismo Amor con que se aman las tres divinas personas. Es preciso haber nacido de nuevo para amar así.

¡Cómo debería brillar ese Amor en el matrimonio cristiano, y en la familia!

Somos hermanos, que es mucho más que amigos. Y, durante la celebración de la Eucaristía, cualquiera que entrase en el templo tendría que percibir un calor de familia sobrenatural que le hiciera sentirse acogido en el Amor de Dios.

Para que gustes ese amor, y lo vivas, no te conformes con llegar al templo con el tiempo justo. Conoce a tus hermanos, quiérelos. Únete a algún grupo de formación, o a alguna pequeña comunidad de vida espiritual, que te haga afirmar, en rostros concretos, que Dios te ha dado hermanos.

(TPC05)