Dime lo que deseas…

Si analizásemos los deseos del joven rico, descubriríamos una enfermedad terriblemente extendida entre personas que rezan, y, quizá, pudiéramos dar con una medicina que cure el mal.

Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? Este chico deseaba el cielo, y, quizá porque era rico, se interesaba por el precio de la vida eterna. ¿Cuánto cuesta el cielo? ¿Qué tengo que pagar en «cosas buenas» para poder llegar allí?

«Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego ven y sígueme». Al oír esto, el joven se fue triste. Jesús no le responde «si quieres vida eterna», sino «si quieres ser perfecto», es decir, «si quieres ser santo». Pero el chico, que quería ir al cielo, sin embargo, no tenía tantos deseos de ser santo. Quería vida eterna como una posesión personal, a sumar a las muchas que ya tenía. Era un burgués que rezaba.

Ojalá desees, más que nada, ser santo. Ojalá huyas de la tibieza. Ojalá nunca te conformes, ojalá siempre desees darle más a Dios. Serás feliz, serás santo, y tendrás vida eterna, no a buen precio, sino gratis.

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