¡Dime dónde lo has puesto!

María MagdalenaEn esta mañana de luz, el huerto de José de Arimatea es testigo de uno de los diálogos más hermosos que jamás ha escuchado la tierra. Un hombre y una mujer se encuentran bajo el sol recién amanecido: – Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? – Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. – María. – ¡Rabbuní! – No me retengas, que todavía no he subido al Padre.

Pero no te conformes con contemplar. Llora ante la custodia. ¿Acaso no te engañan los ojos, como a María, y te parece pan el mismo que a ella le pareció hortelano? Pregunta a las sagradas especies: «Dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Y esa apariencia sensible de pan te llevará al Dios escondido en su sustancia. «¡Rabbuní!», exclamará el alma. Y lo abrazarás, y lo llevarás a lo profundo de tu ser. Lo abracé y no lo solté, hasta meterlo en mi casa materna, en la alcoba de la que me concibió (Ct 3, 4). Al poco rato, como a María, se te escapará, y te dejará herido de muerte y de Vida. Ya nunca serás el mismo. Acabas de nacer para el Cielo.

(TP01M)