Después de misa

Si me preguntas en qué momento de su vida recibe el hombre más dones del cielo, te responderé que una misa, vivida en gracia de Dios, es una catarata de Amor divino que te empapa, te llena y te desborda. La intimidad con el Hijo de Dios que se alcanza en la Eucaristía sólo será consumada en el Paraíso.

Pero, una vez finalizada la misa, el diálogo amoroso no ha concluido. Dios te ha amado, y tú has recibido su Amor con inmensa alegría y profundo fervor. ¿Crees que todo está hecho?

¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido.

Que el mismo Dios que, en la misa, te amó, no tenga que decir después ¡Ay de ti!

Cuando la misa termina, Dios te ha hablado. Ahora te toca a ti hablarle a Él. En primer lugar, agradécele esa predilección; permanece en la iglesia en acción de gracias durante unos minutos. Y, después, haz que tanta gracia como has recibido dé fruto. Convierte el día en una prolongación de la Eucaristía. Si has comulgado a Cristo, vive como otro Cristo.

(TOP15M)