Después comerás y beberás

Tengo sed (Jn 19, 28), gritó Jesús desde la Cruz. Dos mil años después, ni su grito se ha apagado, ni su sed de almas se ha extinguido. Cristo sigue muriendo de sed en el Calvario.

¿Quién de vosotros, si tiene un siervo labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: «Enseguida, ven y ponte a la mesa»? ¿No le diréis más bien: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú»?

Un día volverás del campo de este mundo, y te presentarás ante el Señor. Quizá sueñas con sentarte a la mesa en el banquete eterno, y allí degustar para siempre las dulzuras reservadas a los bienaventurados. Pero, antes, vuelve a leer la parábola, y dime: ¿Crees que Dios te sentará a su mesa para que comas, si antes no has dado tú de beber a su Hijo?

Cristo tiene sed. Y tú aún estás a tiempo. Anda, cíñete, sal al encuentro de quienes no creen, y tráele a Jesús crucificado almas con que saciar su sed. Si no te hacen caso, tráele al Señor tu oprobio, tu propia sed, para que Él la beba. Y, después, comerás y beberás tú.

(TOI32M)