Desde la butaca

La actitud de los nazarenos hacia Jesús recuerda mucho a la de Herodes. Mientras mantenía encarcelado a Juan Bautista, acudía a su celda y lo escuchaba con gusto (Mc 6, 20). Pero, en cuanto terminaba el sermón, volvía a su pecado. Después mató a Juan, y su interés se centró en Jesús. Tenía ganas de verlo (Lc 9, 9); pero, cuando lo tuvo delante, lo trató como a un mono de feria y le pidió que le hiciera un milagro (cf. Lc 23, 8). Como Jesús no se prestó al juego, lo devolvió a Pilato para que lo matase.

Aquellos nazarenos parecían hijos de Herodes. Tras escuchar a Jesús, todos le expresaban su aprobación. Pero, inmediatamente, le pidieron signos: haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún. Y, como Jesús no los hizo, sino que puso en evidencia su poca fe, lo quisieron despeñar por un barranco.

Mucha gente asiste a la vida de Cristo desde la butaca del teatro. Desde allí se aplaude o se abuchea mientras se devoran palomitas. Pero Cristo no quiere fans que lo aplaudan ni críticos que lo maten; quiere discípulos que lo sigan. Y apenas los encuentra.

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“Evangelio 2022