Descabellado, pero no descaminado

No andaba lejos de la verdad Nicodemo cuando, al escuchar a Jesús decir que era necesario nacer de nuevo, preguntó: ¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?

Cuando nace un niño decimos que su madre lo ha «dado a luz». Está bien dicho. Durante nueve meses, el niño habita en las tinieblas de útero. Y, cuando nace, sus ojos descubren, al fin, la claridad.

Un hombre adulto, evidentemente, no puede volver a vientre de su madre. Esa es la parte descabellada de la pregunta de Nicodemo. Pero el nuevo nacimiento del que habla Jesús es el paso a una luz distinta a la del sol desde una noche distinta a la del útero.

Debe el alma sumergirse en la noche del Calvario, adentrarse en el corazón traspasado de tinieblas de la Virgen, y en el aparente abandono de Dios padecido en la Cruz. Es una gestación terrible y maravillosa. Participando en la muerte de Cristo, es llevado a la luz gozosa de su resurrección y alumbrado a una vida nueva. En eso, Nicodemo no iba descaminado. Nueva noche, nuevo útero, nueva madre, nuevo nacimiento… ¡Nueva vida!

(TP02L)

(HOMILÍA EN AUDIO PARA QUIENES NO PUEDEN ASISTIR A MISA HOY) (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)

(Puede suscribir los audios como podcast añadiendo esta dirección a su agregador de podcasts: https://www.espiritualidaddigital.com/feed/podcast/ )