Deja entrar al Crucifijo

«Sólo encuentro paz cuando entro en la iglesia a esas horas en las que no hay nadie más que Jesús, encerrado en el sagrario».

Suena bien, ¿verdad? Y mejor que así sea, porque todos necesitamos el Tabor de la oración; pero Cristo nos redimió en el Gólgota.

Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos. Estas palabras del Señor son toda una invitación a introducir en tu vida –tu banquete– al Crucifijo. Da gracias a Dios por esos breves momentos de paz, cuando encuentras al Señor en el recogimiento de un templo vacío. Pero recuerda que, para ser santo, debes encontrarlo crucificado en tus hermanos: en tu familia, en tus hijos, en tu cónyuge, en tus compañeros de trabajo, en el conductor que se te cruza inesperadamente, en el vecino que deja su basura junto a tu puerta, o en quien habla mal de ti.

Al fin y al cabo, en el Tabor del templo es Jesús quien te acaricia. En el Gólgota del mundo, sin embargo, serás tú quien acaricie al Crucificado. Y te pagarán en la resurrección de los justos.

(TOI31L)