Deberías beber más

No pretendo causar envidia, pero tampoco puedo evitar que algunos me envidiéis; cargadlo a mi cuenta. No imagináis lo que supone, para el sacerdote, la comunión con el cáliz. Cuando el sacerdote acerca el cáliz a sus labios, se siente como si estuviera bebiendo, directamente, de la llaga del costado abierto del Salvador. Bastan unas gotas para que el alma se embriague por completo, y se llene de vida el corazón. No hay nada igual en este mundo, os lo aseguro.

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna. La semana pasada, en el discurso del pan de vida, explicaba el Señor como da de comer a los suyos. Hoy, sin embargo, revela cómo les da de beber. El agua y la sangre que brotan de su pecho son manantial de vida abierto para que el cristiano acuda, aplique sus labios, y beba sin recato ni moderación. Por eso está escrito: Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío (Sal 42, 2). Y también: Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación (Is 12, 3).

Ojalá bebieras más.

(TP04M)