De sándwiches y calendarios

Las cenas de domingo saben a sándwich. Tras la comida del sábado, y el aperitivo y comida dominicales después de misa de doce, las últimas horas del fin de semana arrastran los pies hacia la cama con cansancio por lo que vendrá a la mañana siguiente. Salvo, claro está, que un resucitado se te presente en casa en pleno domingo por la noche y te abra de repente el horizonte y el apetito.

Paz a vosotros. Se le nota en la alegría de su rostro: acaba de despertar de la muerte, acaba de amanecer a la eternidad, y tiene hambre. ¿Tenéis ahí algo de comer? Pescado, vino, pan, conversación, lágrimas, y las horas que se pasan sin notarlo. Antes de marcharse, sus últimas palabras: Vosotros sois testigos de esto.

Es urgente que recuperemos el domingo como día del Señor. El que los calendarios españoles lo sitúen como último día de la semana nos engaña. No es verdad, no es el «acabose» del «finde». Es el primer día de la semana y de la Historia, el día en que comemos con un resucitado en un altar, y llenamos nuestras almas de esa alegría que nos convierte en testigos de vida eterna.

(TP01J)