De generación en generación

Si, como dicen, cada siglo conoce tres generaciones, resulta que el nacimiento de Jesús no es tan lejano. A tres por siglo, son sesenta las personas que, en línea recta, me separan del día en que el Señor nació. Caben en una sala grande de los locales de mi parroquia.

Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación… A través de esas sesenta generaciones, la noticia ha llegado hasta nosotros limpia como el primer día. Si pudiera introducir a los sesenta eslabones de la cadena en esa habitación, todos me dirían, cada uno a su modo, que el Verbo se ha hecho carne, y ha nacido en Belén, de las entrañas de María, para redimir al mundo.

Es una gran responsabilidad. Detrás de nosotros, otra generación viene. Y confío en que no se diga que el Niño Jesús se perdió por el camino para terminar metamorfoseado en un obeso de barba blanca cargado con un saco.

Habladle del Niño Jesús a los pequeños. Mostradles el Belén. Y saboread con ellos el Amor de Dios. Que un día, dentro de treinta años, puedan acordarse de vosotros cuando escuchen que su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

(2212)

“Evangelio