De discípulo a cónyuge

En muchas ocasiones invitó Jesús a sus discípulos a tomar su cruz para seguirlo. Esa forma de discipulado marca un primer estadio en el seguimiento. El discípulo, cargado con su cruz, camina detrás del Maestro y comparte sus fatigas.

El pasaje de san Mateo que hoy nos ofrece la liturgia lleva la relación a un nivel superior. Jesús no dice «venid en pos de mí», sino:

Venid a mí.

Cristo, más que modelo del cristiano, es su meta, el anhelo de su alma.

La cruz ya no es cruz:

Tomad mi yugo sobre vosotros.

La cruz del cristiano lo situaba detrás de Cristo. Pero el yugo lo sitúa junto a Él, unido a su Señor por un vínculo de muerte y vida que lo convierte en su cónyuge.

La fatiga, por último, se convierte en descanso:

Encontraréis descanso para vuestras almas. Es el descanso que encuentra quien encuentra el Amor.

La diferencia entre un estadio y otro, entre el discípulo y el amante, parece marcarla la disposición del corazón: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Quien arrastra la cruz podrá ser discípulo. Quien la abraza con mansedumbre está llamado a ser cónyuge, el amado del Señor.

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