De cómo aceptar a Jesús sin perder los jamones

Jesús alegra la vida de los pobres, y complica la vida de los ricos.

El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él. Ahí tienes a un hombre exultante, incapaz de ocultar su alegría. Era un pobre endemoniado a quien no le quedaba más que los sepulcros donde se escondía. Jesús lo liberó, y le devolvió el gozo de vivir.

Ellos le rogaron que se marchase de su comarca. Ahí tienes un exorcismo «al revés». En lugar de expulsar a los demonios, expulsan a quien los vence. Apenas se había acercado Jesús a su pueblo, y ya habían perdido toda una remesa de embutidos de bellota gerasénica. Entendieron que aceptar al Señor a su lado conlleva perder muchas cosas.

Han pasado veinte siglos, y muchos ricos han encontrado la fórmula para convivir con Cristo sin incomodarse. Siguen viviendo como burgueses, pero sazonan su vida regalada con devociones que, en lugar de complicarles la vida, les aportan paz de espíritu. No seas tú uno de esos. Deja que el Señor te complique la vida, no te conformes con esa paz de bisutería. No temas empobrecerte por Jesús, y experimentarás la verdadera bienaventuranza.

(TOP04L)

“Evangelio