De actor a discípulo

Aprended a hacer el bien (Is 1, 17), dice el profeta Isaías. Y añado yo: no seas autodidacta. No puedes aprender a hacer el bien si no escuchas a un maestro. Date la vuelta, mira al Crucifijo, guarda silencio, póstrate, contempla y aprende.

De los fariseos dice Jesús: Todo lo que hacen es para que los vea la gente. Puedes vivir así, como ellos, de cara al mundo, como si el mundo fuera tu público y tú un actor sediento de aplausos. Te venderás, entonces, a los hombres, y ya no podrás hacer nada que los desagrade. Dependerás de sus miradas, mendigarás sus sonrisas y entregarás cuanto tienes por unas migas de afecto…

O puedes darte la vuelta, y vivir cara a Dios. Bájate del escenario y deja de aparentar, que ya no eres actor, sino discípulo. Reconoce tu ignorancia; mira que el que se humilla será enaltecido. Ansía, más que nada, la sabiduría, y desprecia la opinión y la complacencia de los hombres. Deja que la Cruz te eduque, y aprende allí la mansedumbre, la paciencia, la misericordia, la obediencia y la confianza en Dios. Entonces serás libre, y en adelante no querrás agradar a nadie sino a Él.

(TC02M)