¡Dame más Tú!

La petición que le hicieron los judíos a Jesús nos suena a «déjà vu»: Señor, danos siempre de este pan. Años atrás, una mujer samaritana que venía a sacar agua de un pozo, al escuchar al Señor hablar sobre el agua viva, le había suplicado: Señor, dame esa agua: así no tendré más sed (Jn 4, 15).

En cualquier caso, ni aquélla ni éstos sabían lo que pedían. La samaritana pensaba en un agua material que apagase su sed, como pensaban los judíos en un pan material que calmara su hambre, como aquel maná que comieron sus padres en el desierto.

Pero, en ambos casos, Jesús se refería a sí mismo. El agua viva que prometió a la mujer mana de su costado. Y, en cuanto al pan, explicará: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre.

Si hubiesen querido entender… ¿Lo entiendes tú? ¿Sabes de qué está hablando el Señor? Entonces, pídele: «Jesús dame más Tú. Necesito más Tú, más Cristo en mi alma y menos cosas. Necesito urgentemente llenarme de Ti y vaciarme de todo lo demás». Y, después de pedirlo, ve a recogerlo. Comulga a diario y te llenarás de Él.

(TP03M)