¡Cuánta luz!

Son palabras como luces que se encienden: Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana… Léelas despacio, saboréalas: Jesús… resucitado… amanecer… primer día… ¿No se te llena el alma de luz? ¡Bendita Pascua, que inunda de claridad la vida del cristiano!

Cristo es el amanecer. Tras la noche del pecado, plasmada en las tinieblas del Gólgota, Cristo amanece glorioso del sepulcro y la vida eterna ilumina el alma del antes pecador y condenado.

Cristo es el primer día. Nuestra vida terminó en un Viernes, y fue sepultada en un Sábado. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado (Rom 6, 11). Hoy renacemos, es el primer día de nuestra nueva vida: y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Cristo es el sol. Allí le ha puesto su tienda al sol: él sale como el esposo de su alcoba, contento como un héroe, a recorrer su camino (Sal 19, 5-6). Bajo su luz, la Creación entera nos muestra su verdadero rostro. Y vemos hermanos en quienes antes veíamos enemigos, y vemos gracias donde antes veíamos desgracias, y vemos vida donde antes veíamos muerte.

Cristo es el domingo sin ocaso. La vida entera se convierte en fiesta. Por eso clamamos: ¡Aleluya!

(TP01S)