¡Cuánta guerra bendita!

¡Menos mal que lo avisas, Señor! Porque todavía hay quienes sueñan con seguirte, y llevar una vida tranquila.

No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada. Es llegar tú, y empezar la guerra. A los cuarenta días de nacer, Simeón ya anunció que serías bandera discutida. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre… Y no tenías dos años cuando Herodes entra en guerra con madres e hijos para matarte. Guerrearon contra ti fariseos, sumos sacerdotes, escribas… Te fuiste al Cielo, y guerrearon contra los tuyos, a quienes llevaron al martirio. No es, precisamente, una vida tranquila la que has llevado, ni la que nos has dado.

Y, por si fuera poco… Los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. En mi propia casa, en mi vida, combaten la carne y el espíritu, en combate a muerte que no cesa.

Y, con todo y con eso… ¿sabes lo que te digo? Que no cambio esa guerra por nada del mundo. Porque la paz que dejas en lo profundo del alma convierte la guerra en lance de Amor. ¡Qué delicia!

(TOP15L)